Busco una enfermedad que no me acabe
sino el dolor constante de la
vida:
algo para fingir que estoy dormida
detrás de este temblor de
escarcha grave.
Busco un agua cósmica que lave
la lágrima terrible que
me oxida;
busco el morir distinto, y voy herida
por la pena vulgar que
nadie sabe.
Y así me marcho, sonriendo a todos,
luminosa de gracia y
desventura,
con el secreto horror hasta los codos;
callándome en el
verso y en la prosa,
para que escriban en mi tierra dura:
esta mujer ha
muerto de dichosa.
Carilda Oliver Labra.
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